El poder oculto de las palabras

Las palabras hacen más de lo que dicen...
Las palabras hacen más de lo que dicen...

 

Estoy leyendo el libro Blink, de Malcolm Gladwell (Inteligencia intuitiva, en castellano). En la sección 2.1 comenta unos interesantes experimentos realizados por el psicólogo John Bargh, de la Universidad de New York.

 

En uno de ellos, separa a unos sujetos en 2 grupos, a los que pide que hagan frases con un conjunto de palabras determinadas. Para el grupo A las palabras eran "agresivo, audaz, grosero, molestar, interrumpir, entrometerse e infringir" y similares. Para el grupo B, "respeto, atento, apreciar, paciencia, educado y cortés". Después, uno a uno, los sujetos debían ir a la oficina del entrevistador para recoger los resultados. Pero este estaba siempre ocupado con un cómplice, hablando de cosas personales y por tanto los sujetos se veían obligados a esperar. El límite se puso en 10 minutos de espera máximo por sujeto. Bargh quería saber si las palabras usadas afectarían al tiempo de espera que tolerarían los sujetos de ambos grupos. A pesar de otros experimentos similares que había hecho, el resultado le dejó asombrado por ser gente urbana, generalmente con poca paciencia. Del grupo A, los de palabras más bien agresivas, aguantaron de media 5 minutos antes de quejarse. Pero del grupo B, la mayoría, un 82%, esperó sin interrumpir ni quejarse en ningún momento. Llegó a pensar que si hubiera sido media hora, hubiera obtenido los mismos resultados.

 

En otro experimento, Bargh hizo que los estudiantes escribieran frases con palabras relativas a la vejez. Observó que cuando salían de la sala, lo hacían más lentamente y más encorvados que al entrar.

 

Los resultados de estos y otros experimentos parecen indicar que, la mayor parte del tiempo, funcionamos en piloto automático y que este, es muy influenciable a los datos que recibe del entorno. Desde un punto de vista, para nosotros, el inconsciente se comporta como un mayordomo virtual. Se ocupa de los pequeños detalles del día a día, sin que nos demos cuenta, para que, conscientemente, podamos dedicarnos a lo que nos interesa. Analiza continuamente el entorno y ajusta nuestro comportamiento automático a las conclusiones que saca de él, para adaptarnos a la situación. Y lo hace muy rápidamente. A fín de cuentas, adaptarnos al entorno para sobrevivir es su función principal.

 

¿Podemos usar eso a nuestro favor? Creo que es posible. Por ejemplo, si nos vamos a dormir, podemos decirnos frases usando palabras como "descanso, sueño, profundidad, recuperarse," etc. todas ellas relativas a características del tipo de sueño que queremos conseguir. Y, cuando suene el despertador, palabras como "energía, decisión, activo, organizado," etc. Sin esperar milagros, es probable que notemos un pequeño cambio en nuestra actitud.

 

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