Numerología


Hablar de numerología es abordar una temática ancestral, compleja y con múltiples perspectivas e interpretaciones. Es entrar en el fascinante terreno de los números y sus significados, en creencias, tradiciones, mágicas relaciones entre nombres, letras, valores, símbolos, patrones…

 

Sus orígenes son antiguos, y muchas son las civilizaciones que desarrollaron métodos adivinatorios basados en los números. Más recientemente, sin embargo, la numerología se ha vinculado al creciente interés que se vive en nuestros tiempos por conocer al ser humano, la estructura de su personalidad, las posibles causas de sus desestabilizaciones, la calidad de las relaciones que establece con los demás y su entorno, su capacidad para realizar sus propósitos e ideales… Y aun a pesar de vivir en culturas que se nutren del saber científico, la numerología sigue despertando la fascinación de ver que las relaciones matemáticas no sólo se adaptan perfectamente a las relaciones fenoménicas que estudia la ciencia, sino también a conceptos y eventos psicológicos que aportan informaciones a menudo esenciales y altamente significativas a la persona que está realizando un trabajo para su desarrollo y crecimiento personal.

 

En este sentido, la numerología es, desde nuestra perspectiva, una útil herramienta de autoconocimiento, capaz de aportar elementos para la reflexión personal sobre aspectos que a menudo el inconsciente reprime y no permite su abordaje. Con sus simbolismos  que tan bien comunican con la naturaleza de nuestro inconsciente, nos invita a revisar aspectos de nuestra personalidad, de nuestro ser, de cómo abordamos nuestras relaciones personales y cómo forjamos el sentido que le damos a la vida y a nuestra existencia.  Pero además, partimos de la evidencia de que no somos individuos aislados en un universo inmenso, sino más bien al contrario: somos el resultado de toda una gran historia anterior a nosotros, que se inició en los principios del tiempo y se va concretando en las influencias más cercanas y directas de nuestros ancestros más inmediatos. Recibimos desde nuestra concepción, una herencia no sólo genética y biológica, sino también emocional, de costumbres, visiones de la vida, aficiones, concepciones sobre el amor y las relaciones, sobre nuestro papel en el mundo… que en gran medida se manifiestan e influyen en que seamos la persona que somos.